La elección de Barack Obama deja entrever alguna de las razones por las cuales Estados Unidos sigue manteniendo su estatus de superpotencia. Porque, en serio, solamente en este país era posible la cristalización del sueño de la raza negra: que uno de los suyos alcanzara la presidencia, pocos años después de ser perseguidos, rechazados, y humillados. No hace mucho que los negros eran esclavos. Y hace muy poco que Luther King perdiera la vida por el sueño de la igualdad de todos los hombres y de la total emancipación de su pueblo. Sin embargo, en el seno de esta nación racista florecen continuamente los valores de la democracia, la libertad y la igualdad. Y precisamente, estos valores fertilizaron y enriquecieron la tierra americana de tal manera que esta produjo el fruto del cambio, del dinamismo, de la capacidad de adaptarse y encontrar mejores maneras de fortalecer la vida nacional. Este terreno fértil hizo posible la victoria de Obama.
Por ello el “imperio” sigue siendo potencia. Porque tiene esa extraordinaria capacidad de adaptarse al cambio para sobrevivir. Y el arribo de un hombre de raza negra es evidencia abrumadora, contundente, de esa capacidad. Estados Unidos es una gran nación. Y los ajustes para preservar y consolidar su estatus de superpotencia se están realizando puntualmente. Obama no solamente ganó, sino que arrasó en las elecciones presidenciales. Un nuevo tiempo ha llegado para los americanos. Una nueva forma de hacer política. Una nueva filosofía de nación. Una nueva generación, mas tolerante y menos prejuiciosa, está tomando las riendas del país mas poderoso del mundo.
Y créanme, Estados Unidos se mantendrá como la superpotencia. Porque cambia, se adapta, es flexible.